Las profundas desigualdades sociales y la inestabilidad política
por décadas marcaron la historia de los países
latino-americanos. En las décadas de 1960 y 1970 las
dictaduras militares oprimieron millones de personas. En los
últimos años las sucesivas crisis económicas
desaceleraron el desenvolvimiento en la región, y empujaron
los países más pobre a una crisis aun mayor.
Según el Banco Mundial, en 1999 aproximadamente 20%
de latinos vivían en condiciones de miseria.
La violencia es otro problema crónico de América
Latina. En países como Brasil, Colombia y El Salvador,
los índices de criminalidad están entre los
más altos del mundo. Según pesquisas, aprox.
140 mil personas son muertas todos los años en los
países latinoamericanos. El crecimiento desordenado
de las grandes ciudades han contribuido para el aumento de
la pobreza, de la violencia y de la reducción de la
expectativa de vida. Ciudades como São Paulo, Quito,
Bogotá, Buenos Aires y Ciudad de México están
entre las más populosas del mundo y presentan tensiones
sociales de todos los tipos.
Espiritualmente la situación de América Latina
es crítica. En los últimos 500 años,
la mayoría de los pueblos fue fuertemente influenciada
por el catolicismo europeo, llevando a un sincretismo religioso.
El resultado es que millones de personas se dicen cristianas,
pero aun rinden culto al Sol, reverencian a los muertos y
practican varias otras expresiones paganas.